El Niño puede agravar la inseguridad alimentaria en Perú

El Niño puede agravar la inseguridad alimentaria en Perú

31 Agosto, 2026

Salud en Casa.- El Perú podría enfrentar los efectos del Fenómeno El Niño en un escenario en el que la seguridad alimentaria de millones de personas ya se encuentra comprometida. En 2025, el 30,5 % de la población peruana presentó inseguridad alimentaria moderada o severa, es decir, aproximadamente 3 de cada 10 personas tuvieron dificultades para acceder a alimentos suficientes o adecuados.

 

 

“Estamos hablando de un tercio del país que ya tiene dificultades para garantizar su alimentación antes de enfrentar una nueva emergencia climática. Si El Niño genera pérdidas de cultivos, interrupción de carreteras o incrementos en el precio de los alimentos, esta situación puede agravarse rápidamente. No podemos esperar a que el problema llegue a la mesa de las familias para comenzar a actuar”, manifestó Jessica Huamán, coordinadora nacional de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria del Perú.

 

La situación de pobreza del país también es preocupante, ya que el 25,7 % de la población peruana se encontraba en situación de pobreza monetaria en el año 2025, lo cual equivale a aproximadamente 8,8 millones de personas. Situación que podría agravarse.

 

“Junto a la población en situación de pobreza, existe otro grupo que merece especial atención: el 32,8 % de la población era considerada no pobre vulnerable, es decir, personas que actualmente pueden cubrir la canasta básica de consumo, pero que tienen un alto riesgo de caer en pobreza frente a una situación de emergencia. Esto significa que no solamente debemos preocuparnos por quienes actualmente viven en pobreza. Tenemos más de 11 millones de peruanos que, aunque estadísticamente no son pobres, tienen una economía muy frágil. Un incremento sostenido del precio de los alimentos, la pérdida de una cosecha o la disminución de los ingresos familiares como consecuencia de El Niño puede empujarlos nuevamente hacia la pobreza y deteriorar su alimentación”, señaló Huamán.

 

Estos datos son especialmente importantes porque demuestran que la inseguridad alimentaria no empieza recién cuando una persona cae en pobreza. Un tercio de la población considerada no pobre vulnerable ya tiene dificultades para acceder adecuadamente a los alimentos. Por eso, un fenómeno climático puede convertirse también en un acelerador de la inseguridad alimentaria si no existen medidas preventivas.

 

“Los efectos también pueden repercutir en una situación nutricional que continúa siendo preocupante. En el Perú, la anemia afecta al 34,9 % de las niñas y niños de 6 a 35 meses, mientras que la desnutrición crónica infantil alcanza al 12,1 % de los menores de cinco años. Las brechas son mayores en las zonas rurales, precisamente donde muchas familias dependen directamente de la agricultura y pueden estar más expuestas a sequías, inundaciones, heladas y pérdidas de producción”, sostuvo Huamán.

 

 


 

 

 

Frente a este escenario, la especialista considera necesario que el Gobierno incorpore la seguridad alimentaria y nutricional como un componente central de la preparación frente al Fenómeno El Niño, priorizando aquellos territorios donde coincidan mayores niveles de pobreza, vulnerabilidad económica, inseguridad alimentaria, anemia y desnutrición con un mayor riesgo de afectación climática.

 

Uno de los principales ámbitos que debe protegerse es la agricultura familiar. Las lluvias intensas, inundaciones, sequías u otros eventos climáticos pueden afectar cultivos, animales, infraestructura productiva y los ingresos de miles de pequeños productores que, además, cumplen un papel fundamental en el abastecimiento de alimentos en el país.

 

Proteger al pequeño productor también significa proteger la alimentación de las ciudades. Desde la Plataforma proponemos fortalecer los mecanismos de aseguramiento frente a pérdidas agrícolas, garantizar infraestructura hídrica y sistemas de riego, identificar anticipadamente rutas alternativas de abastecimiento y establecer un monitoreo permanente de la disponibilidad y los precios de los principales alimentos.” Acotó la especialista.

 

Las ollas comunes y comedores populares también deben incorporarse dentro de los planes de contingencia alimentaria, principalmente en los distritos que concentren mayor vulnerabilidad.

 

En cada crisis son las organizaciones comunitarias las que terminan respondiendo primero al hambre. Pero no podemos volver a esperar que sean las mujeres de las ollas comunes y comedores quienes sostengan una emergencia con sus propios recursos. Si van a formar parte de la respuesta frente a El Niño, deben contar anticipadamente con alimentos, agua segura, equipamiento, logística, asistencia técnica y presupuesto”, señaló Huamán.

 

Finalmente, la enutricionista advirtió que el país cuenta actualmente con información suficiente para identificar a las poblaciones y territorios que requieren mayor protección.

 

El Niño no puede abordarse solamente como una emergencia de infraestructura, ya que también es una amenaza para la alimentación y nutrición de millones de personas. Prevenir significa actuar ahora, antes de que la emergencia llegue a los mercados y a la mesa de las familias”, concluyó.