Salud en Casa.- El fenómeno El Niño podría profundizar la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe, especialmente en Centroamérica, una subregión que ya concentra algunos de los países con mayores niveles de inseguridad alimentaria de América Latina.
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) proyecta que más de 16 millones de personas en América Latina y el Caribe podrían experimentar un deterioro de su seguridad alimentaria debido a los efectos de El Niño. Centroamérica sería la zona con el mayor incremento proporcional entre todas las áreas analizadas a nivel mundial, con un aumento proyectado de 83,1% en la población que enfrenta inseguridad alimentaria aguda.
Esta situación resulta especialmente preocupante porque los países centroamericanos parten de condiciones de alta vulnerabilidad alimentaria. Según el SOFI 2026, entre los países de América Latina con información comparable disponible, Guatemala, El Salvador y Honduras ocupan los tres primeros lugares en prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o severa, mientras que el Perú se encuentra en el cuarto lugar.
“Guatemala tiene 49% de su población en inseguridad alimentaria moderada o severa, El Salvador 41,7% y Honduras 39,3%. Son justamente los tres países que encabezan el ranking latinoamericano y los tres están en Centroamérica, donde el PMA proyecta el mayor incremento proporcional de inseguridad alimentaria por El Niño: 83,1%. Perú aparece inmediatamente después, en cuarto lugar, con 33,6%, que representa aproximadamente 11,5 millones de personas. Estamos hablando de países que recibirán este nuevo choque climático cuando una parte muy importante de su población ya tiene dificultades para acceder regularmente a una alimentación adecuada”, señaló Jessica Huamán, coordinadora de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria y Nutricional.
A nivel mundial, el escenario también genera preocupación. El PMA estima que El Niño 2026–2027 podría llevar a 49 millones de personas adicionales a una situación de inseguridad alimentaria aguda hacia finales de 2027. En los 45 países analizados, la población en esta situación podría pasar de aproximadamente 225 millones a 274 millones, un incremento cercano al 22%.
“Cuando hablamos de 49 millones de personas adicionales en riesgo a nivel mundial y de más de 16 millones en América Latina y el Caribe, no estamos hablando solamente de una mala cosecha. El Niño puede afectar al mismo tiempo la disponibilidad de alimentos, el acceso económico de las familias y la estabilidad del abastecimiento. Y cuando estas tres dimensiones se deterioran en países que ya tienen prevalencias de inseguridad alimentaria, el riesgo de profundizar el hambre y la malnutrición es mucho mayor”, sostuvo Huamán.
El impacto sobre la disponibilidad de alimentos puede producirse por sequías, inundaciones, altas temperaturas, pérdidas de cultivos, afectación del ganado, la pesca y la disponibilidad de agua. La FAO advierte que los pequeños productores, agricultores, pescadores y otras poblaciones cuyos medios de vida dependen directamente del clima están entre quienes enfrentan los impactos más inmediatos.
El acceso a los alimentos también puede deteriorarse. Las pérdidas agrícolas reducen los ingresos de los productores, mientras que los daños en carreteras, sistemas de riego y otras infraestructuras pueden dificultar el traslado de alimentos y aumentar los costos de comercialización. Esto puede trasladarse a los precios y reducir todavía más la capacidad de compra de los hogares.
A ello se suma la dimensión de estabilidad, debido a que los efectos de El Niño pueden extenderse durante varios meses e incluso afectar campañas agrícolas posteriores. El PMA advierte que, aunque el fenómeno alcanzaría su mayor intensidad durante 2026, sus consecuencias sobre las cosechas y la seguridad alimentaria podrían continuar durante 2027.
En el Perú, la FAO ha advertido específicamente que El Niño puede presionar simultáneamente la producción de alimentos, su traslado hacia los mercados y la capacidad económica de los hogares para adquirirlos.
“El Perú tampoco está llegando a El Niño desde una posición favorable. Tenemos 33,6% de inseguridad alimentaria moderada o severa en el indicador comparable internacionalmente y somos el cuarto país de América Latina con mayor prevalencia entre aquellos con información disponible. Por eso no podemos esperar a que se pierdan cultivos, se interrumpan carreteras o aumenten los precios para reaccionar. La seguridad alimentaria tiene que formar parte desde ahora de la preparación frente a El Niño”, indicó Huamán.
La especialista señaló que la preparación debe considerar no solo acciones de infraestructura frente a inundaciones o sequías, sino también la protección de los sistemas alimentarios: apoyo preventivo a la agricultura familiar, disponibilidad de agua para la producción, protección de caminos rurales y mercados de abasto, vigilancia de precios y abastecimiento y mecanismos de protección para las familias que pierdan ingresos.
“Tenemos que proteger también la alimentación escolar, los comedores populares, las ollas comunes y otros mecanismos de protección alimentaria. Si El Niño reduce la producción, encarece los alimentos y disminuye simultáneamente los ingresos de las familias, estos programas van a tener todavía más presión. La acción anticipatoria en seguridad alimentaria debe comenzar antes de la emergencia y contar con presupuesto, responsabilidades claras y coordinación entre agricultura, desarrollo social, salud, producción y los gobiernos subnacionales”, concluyó la nutricionista.