No todo es mala conducta: señales en niños y adolescentes que los padres no deberían pasar por alto

No todo es mala conducta: señales en niños y adolescentes que los padres no deberían pasar por alto

15 Septiembre, 2026

Salud en Casa.- Detrás de un niño que no logra concentrarse, presenta cambios repentinos en su rendimiento escolar, se muestra constantemente irritable o comienza a aislarse pueden existir diferentes factores emocionales, sociales o relacionados con su neurodesarrollo. Por ello, antes de interpretar estas conductas como rebeldía, flojera o falta de disciplina, es importante observar su frecuencia, duración y el impacto que tienen en su vida cotidiana.

 

 

 

El tema cobra especial relevancia si se considera que aproximadamente el 30 % de niñas, niños y adolescentes en el Perú —alrededor de 3.17 millones— está en riesgo de presentar problemas de comportamiento, emocionales o atencionales, de acuerdo con información difundida por el Ministerio de Salud (Minsa), basada en un estudio conjunto con Unicef en el último año.

Renzo Villanueva, psicólogo clínico, especialista en neurociencia y educación y gerente general de Neuro Conecta, explica que una conducta aislada no necesariamente representa un problema de salud mental o neurodesarrollo. Sin embargo, cuando determinados comportamientos se vuelven persistentes o comienzan a interferir en el ámbito familiar, escolar o social, requieren mayor atención.

 

“Antes de etiquetar a un niño como distraído, flojo, rebelde o problemático, necesitamos comprender qué está ocurriendo. El comportamiento es una forma de expresión y puede estar relacionado con diferentes factores emocionales, familiares, sociales o propios del neurodesarrollo. Observar el contexto es fundamental para saber cómo acompañarlo”, señala Villanueva.

 

 

 


 

 

 

¿Qué señales deberían observar las familias?

 

Entre las situaciones que merecen especial atención se encuentran los cambios persistentes en el estado de ánimo o comportamiento, principalmente cuando el niño o adolescente empieza a reaccionar de manera muy diferente a la habitual.

 

También pueden aparecer dificultades frecuentes para mantener la atención, organizar actividades o seguir indicaciones, especialmente cuando se presentan en diferentes entornos e interfieren con el aprendizaje y las actividades cotidianas.

 

La irritabilidad intensa, impulsividad o dificultad para regular las emociones pueden ser otras señales que observar, al igual que el aislamiento, la pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba o cambios importantes en la relación con familiares y amigos.

 

Sin embargo, la presencia de alguna de estas conductas no significa automáticamente que exista un trastorno.

 

“Una dificultad para concentrarse no significa necesariamente TDAH, de la misma manera que sentirse preocupado no implica tener un trastorno de ansiedad. Una misma conducta puede tener diferentes explicaciones y por eso debemos evitar diagnósticos apresurados”, precisa el especialista.

 

Uno de los principales desafíos para las familias es diferenciar los comportamientos propios de cada etapa del desarrollo de aquellos cambios que, debido a su persistencia, intensidad o impacto, podrían requerir orientación profesional.

 

Desde Neuro Conecta se promueve la neuroeducación como una herramienta para acercar conocimientos de psicología, neurociencia y neurodesarrollo a situaciones cotidianas, permitiendo que las familias comprendan mejor lo que ocurre y puedan tomar decisiones informadas.

 

“Buscar orientación profesional no significa necesariamente que exista un trastorno diagnóstico. También puede ser una herramienta preventiva para comprender una situación, identificar necesidades y encontrar mejores formas de acompañar al niño o adolescente”, concluye Renzo Villanueva.