Salud en Casa.- Para mantener una buena salud mental es importante no traspasar algunas barreras que podrían generar un trastorno psicológico. En esta nota te contamos cuáles son esos cinco límites que no debemos cruzar y qué hacer en caso de identificar con alguno de estos cuadros.
“Hay factores que aparentemente no son tan graves, pero que nos pueden llevar a situaciones indeseadas y dolorosas. Dormir mal, aislarse de la familia y los amigos, estar siempre pendiente del trabajo, descuidar la apariencia personal y tolerar expresiones de maltrato son límites que debemos saber poner para cuidar nuestro bienestar mental”, dice Rebeca Cahui, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS).
El límite del descanso y el sueño
La calidad y el tiempo de sueño son vitales para la salud física y mental porque favorecen la reparación de las funciones cerebrales y todos los procesos que se derivan de ellas, por ejemplo, la función cognitiva, fisiológica, emocional, social, etc.
“Dormir mal durante periodos prolongados puede disminuir de manera significativa la intensidad del afecto positivo y aumentan los síntomas ansiosos y depresivos, problemas de memoria a corto plazo, y mayor vulnerabilidad emocional y resolutiva que pueden desencadenar trastornos de salud mental”, precisa Cahui.
La especialista afirma que los cambios emocionales, mayor irritabilidad, humor colérico, falta de tolerancia, problemas de atención, dificultades en el rendimiento y la somnolencia durante el día son evidencias de que la falta de sueño está ocasionando un perjuicio a la salud mental.
“Es necesario mantener una rutina para dormir y levantarse, asegurándose que el tiempo de sueño sea mínimo de siete horas. Evitar las pantallas al menos una hora antes de ir a la cama es fundamental. Además, la actividad física puede favorecer el sueño”, agrega.
El límite del aislamiento social
El ser humano tiene una característica social por naturaleza y está predispuesto a buscar interacciones sociales, ya sea de forma consciente o inconsciente. Convivir con la familia, pareja y amigos aportan al desarrollo sociocognitivo y fortalecen la madurez emocional y la introspección.
“Aislarse socialmente puede deteriorar características como la autoestima, las habilidades sociales, la resiliencia, la regulación emocional y las capacidades de afrontamiento. Además, si una persona tiene rasgos depresivos o ansiosos como parte de la personalidad, estos podrían agravarse y generar episodios, síndromes e incluso trastornos de salud mental”, advierte la especialista de la UCSS.
Algunas investigaciones establecen un umbral de tres a seis meses de aislamiento como indicador de gravedad. Sin embargo, es necesario evaluar cada caso según la rutina de la persona y si ocurrió algún problema que lo desencadene. En estos casos, la consulta psicológica es recomendable.
El límite de la desconexión laboral.
Si una persona tiene constantes preocupaciones por temas laborales, utiliza de forma recurrente el celular para atender temas de la oficina fuera del horario de trabajo, presenta problemas de sueño o reemplaza actividades personales, familiares o sociales para trabajar, entonces está cruzando esa delgada línea que genera perjuicios a la salud mental.
“Los límites son indispensables en cualquier ámbito de la vida. Las personas que tienen un excesivo involucramiento con su trabajo comienzan a presentar cuadros frecuentes de irritabilidad o tristeza. Peor aún, no tienen intención de regularse, afectando la relación con otras personas”, subraya.
Para la especialista, el compromiso hacia el trabajo es una lección aprendida que se fortalece desde el hogar. Los padres son los primeros en explicar al menor que en la vida todos los aspectos son importantes: personal, familiar, social, académico, laboral, etc. Y que ninguno puede desarrollarse más que el otro, ya que es necesario encontrar un equilibrio para vivir en paz y con salud.
El límite de la negligencia física: cuando dejamos de cuidarnos
La especialista de la UCSS explica que hay una confluencia entre el aspecto físico y el mental. Cuando hay un descuido del aliño personal, de fondo existe algún asunto que psicológicamente está desgastando a la persona, como alguna pérdida física o material, depresión, el abuso de sustancias y alcoholismo e incluso desórdenes psicóticos o esquizofrénicos.
“El descuido personal deja de ser una etapa pasajera cuando interfiere con las actividades cotidianas, relaciones interpersonales y el rendimiento académico o profesional. No solo se daña la relación con los demás, sino también la autoestima y el comportamiento ético”, detalla Cahui.
Es prioritario que las personas con estos signos de descuido personal fortalezcan su vínculo con su entorno, que debe actuar como un soporte en los momentos de mayor necesidad. Asimismo, se sugiere la práctica de deportes, búsqueda de ayuda profesional y, si tiene fe, acercarse a la religión cuyo rol es primordial como acompañamiento e introspección.
El límite de la tolerancia al maltrato
Existen múltiples factores que explican por qué ciertas personas normalizan insultos, humillaciones, manipulaciones o descalificaciones en una relación o en el trabajo. Por ejemplo, si ha sido testigo o víctima de agresión en su infancia, si fue víctima de bullying, separación traumática de los padres y abandono parental.
“Los factores que explican la tolerancia al maltrato pueden ser la baja autoestima, dependencia emocional, adicciones, trastorno límite de la personalidad, trastorno dependiente de la personalidad, un trabajo dependiente de la pareja, vivir en una zona rural y tener creencias de tolerancia al maltrato”, indica la psicóloga de la UCSS.
La especialista advierte que existen señales de alerta a tomar en cuenta. Por ejemplo, cuando la persona busca un motivo para justificar el maltrato, por ejemplo, ‘yo le grité’, ‘mis hijos lo necesitan’, ‘él lo hace solo cuando está borracho’. También se debe identificar si busca aislarse de las personas, principalmente de los que aconsejan que se separe, porque siente miedo o vergüenza de afrontar la situación frente a ellos.
“Todo lo señalado forma parte de la violencia psicológica que es, según la literatura científica, el paso previo a la violencia física y sexual. Las consecuencias de tolerarlo por mucho tiempo es poner en riesgo la vida de la víctima y si tiene hijos, también la de ellos”, concluye Cahui, quien recomienda la asesoría psicológica para estos casos.