Salud en Casa.- Las necesidades vinculadas con la salud femenina empiezan a cobrar mayor relevancia desde mediados de los 30 años, pero la respuesta disponible todavía presenta brechas. Una investigación global de Boston Consulting Group (BCG) muestra que el interés por la salud a largo plazo aumenta entre los 36 y 38 años, mientras persisten diferencias tanto en la búsqueda de atención como en la experiencia de las mujeres frente a problemas hormonales.
Los hallazgos forman parte del estudio global de longevidad 2026 de BCG, The $350 Billion Longevity Mismatch in Women’s Health, elaborado para el St. Moritz Longevity Forum a partir de una encuesta realizada a 10.608 personas en 12 países.
Entre los principales hallazgos del informe destacan:
“Las empresas suelen empezar a hablar con las mujeres sobre salud a largo plazo cuando llegan a la menopausia, pero la verdadera ventana de oportunidad se abre aproximadamente diez años antes”, señaló Parul Bajaj, Managing Director y Partner de BCG y coautora del informe. “Considerar los cambios hormonales que ocurren a mediados de los treinta como síntomas temporales, en lugar de reconocerlos como un punto de inflexión clave, es uno de los mayores puntos ciegos en la forma en que el mercado atiende actualmente a las mujeres”.
Muchas veces las necesidades de salud de las mujeres no son diagnosticadas y son desatendidas.
La brecha no se limita a la menopausia. La encuesta de BCG encontró que solo el 63% de las mujeres consulta a un médico por afecciones hormonales como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), la endometriosis o la menopausia, frente al 78% que busca atención por enfermedades cardiovasculares. Además, entre quienes sí buscan atención por problemas hormonales, solo el 72% afirma haberse sentido tomada en serio por los profesionales de la salud, frente al 85% de quienes consultan por síntomas cardíacos.
“Durante décadas, las mujeres han tenido que adaptarse a sistemas de salud que no fueron diseñados en torno a sus necesidades biológicas”, afirmó Trish Stroman, Managing Director y Senior Partner de BCG, además de coautora del reporte. “Cerrar esta brecha requiere más investigación y una mejor formación de los profesionales de la salud. También implica dar a las mujeres una voz más activa en la definición de las soluciones de longevidad que se desarrollan y financian”.
Por su parte, Laure Bezert, Partner de BCG, destacó que "la salud femenina está emergiendo como uno de los segmentos con mayor potencial dentro de la economía de la longevidad. Sin embargo, el estudio muestra que muchas mujeres siguen enfrentando barreras para acceder a soluciones relevantes y respaldadas por evidencia, una brecha que se explica en parte por la escasa representación femenina en la investigación clínica: en Estados Unidos, las mujeres promedian apenas el 40% de los participantes en ensayos clínicos. Reducir esa brecha no solo puede generar mejores resultados de salud, sino también abrir nuevas oportunidades de innovación para empresas y sistemas de atención médica, la industria farmacéutica, las empresas de consumo y tecnología, las aseguradoras, los empleadores y los inversionistas que financian innovación en este campo".