Salud en Casa.- La anemia infantil sigue siendo una deuda sanitaria persistente en América Latina. Así lo confirma un artículo científico elaborado por un equipo de investigadores internacionales liderado por el nutricionista clínico Robinson Cruz. El equipo recopiló información oficial de ministerios de Salud y otras entidades estatales de 18 países para medir la prevalencia de anemia en menores de cinco años y evaluar las políticas destinadas a prevenirla.
El hallazgo central es contundente: en la mayoría de los países analizados, más del 20% de los niños tiene anemia; sin embargo, el tema es todavía más crítico en Bolivia que registra la cifra más alta del continente, con 61%, seguida de Ecuador (38,6%), Honduras (36,3%) y Perú (33,4%).
El dato peruano encierra una paradoja. El Perú es el único país de la región que cuenta con una política integral y multisectorial contra la anemia, respaldada incluso por una ley general que articula los esfuerzos del Estado. No obstante, sus resultados lo ubican entre los peores del continente. En el resto de los países, la respuesta se limita a estrategias aisladas, principalmente la fortificación de alimentos y la educación nutricional. Las harinas de cereales son el vehículo de fortificación más usado. En varios casos, la anemia es apenas un apartado de las políticas contra la desnutrición.
"Tenemos documentos, estrategias y hasta una ley, pero los resultados no acompañan. La anemia no se resuelve solo con normas: necesitamos que la ciencia oriente las decisiones y que la política genere las condiciones para que lleguen a cada hogar", señaló Robinson Cruz, autor principal del estudio.
El investigador advierte, además, que el Perú dispone de un sistema de monitoreo similar al de México, que actualiza las tasas cada dos o tres años. Esa rigurosidad podría hacer más visible el problema en el país. En otros países, la falta de mediciones frecuentes podría ocultar realidades distintas.
¿Por qué persiste la anemia?
El estudio identifica cuatro grupos de causas comunes en la región:
Prácticas alimentarias inadecuadas, como dietas pobres en carnes o una alimentación complementaria sin fuentes de hierro después de los seis meses.
Factores asociados al nacimiento: un niño cuya madre tiene anemia presenta hasta 2,1 veces más riesgo de desarrollarla.
Parasitosis intestinal, vinculada a la falta de agua potable.
Condiciones socioeconómicas adversas, como la pobreza, el bajo nivel educativo de las madres y el acceso limitado a servicios de salud.
A escala mundial, la anemia por deficiencia de hierro afecta a 269 millones de niños de 6 a 59 meses y a 500 millones de mujeres de 15 a 49 años.
Un costo que se paga toda la vida
El estudio deja una advertencia: la deficiencia de hierro en los primeros años de vida golpea el desarrollo neurocognitivo y, si no se trata a tiempo, su daño se vuelve irreversible. El niño anémico de hoy será el adulto con menor rendimiento escolar y productividad de mañana. Uno de cada tres niños peruanos está afectado. Por eso la pregunta ya no es si el país tiene una política contra la anemia, sino por qué, teniéndola, no está logrando proteger a su próxima generación.