Salud en Casa.- Los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar – ENDES 2025 evidencian que el país continúa sin lograr avances sustantivos frente a la malnutrición infantil. De acuerdo con la encuesta, la desnutrición crónica en menores de 5 años se mantuvo en 12.1%, mientras que la anemia en niñas y niños de 6 a 35 meses apenas se redujo de 43.7% a 43.4%, una variación mínima frente a la magnitud del problema.
Para Jessica Huamán, nutricionista pública y coordinadora de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria y Nutricional del Perú, estos resultados deben leerse con preocupación técnica y política, pues reflejan una respuesta pública que aún no logra modificar las condiciones que afectan la nutrición de la infancia.
“Según la ENDES 2025, las regiones con mayor prevalencia de desnutrición crónica infantil son Loreto con 20.8%, Huancavelica con 20.3% y Ucayali con 18.1%. En el caso de la anemia infantil, las cifras más altas se registran en Puno con 75.4%, Cusco con 56.6% y Loreto con 55.6%. cifras preocupantes ya que la anemia compromete el aprendizaje y las oportunidades futuras de nuestros niños; mientras que la desnutrición crónica expresa una afectación sostenida del crecimiento y desarrollo cognitivo de nuestra niñez” indicó Huamán.
Estas cifras muestran que la malnutrición infantil no puede explicarse solo por decisiones individuales de alimentación. Detrás hay pobreza, inseguridad alimentaria, falta de agua segura, servicios de salud débiles, barreras para acceder a alimentos nutritivos y ausencia de seguimiento nutricional oportuno. Por eso, la respuesta no puede limitarse a campañas aisladas; debe ser territorial, intersectorial y sostenida.
“Lima Metropolitana no está al margen de la malnutrición. Este incremento debe interpelar directamente a quienes pretendan gobernar la ciudad. No se puede hablar de desarrollo urbano si niñas y niños están creciendo con anemia o desnutrición. Lima necesita una política alimentaria metropolitana seria, con mercados de abasto fortalecidos, agua segura, vigilancia nutricional, programas alimentarios articulados y nutricionistas en territorio”, remarcó Huamán.
Desde la Plataforma por la Seguridad Alimentaria y Nutricional del Perú se plantea que enfrentar la anemia y la desnutrición crónica exige fortalecer el primer nivel de atención, incorporar nutricionistas en establecimientos de salud, escuelas y programas comunitarios, garantizar agua segura y saneamiento, mejorar la alimentación infantil, articular los programas alimentarios y proteger el presupuesto destinado a la nutrición.
“La anemia y la desnutrición crónica no son solo indicadores sanitarios; son indicadores políticos. Muestran si el Estado está llegando o no a la vida cotidiana de las familias. Cuando una niña o un niño crece con anemia o desnutrición, el país compromete su desarrollo, su aprendizaje y su futuro. La nutrición infantil debe ser una prioridad nacional, con metas claras, presupuesto protegido y presencia real en el territorio”, concluyó Huamán.