Salud en Casa.- Según información de la World Inequality Database, difundida por Our World in Data, en el Perú el 0.1% más rico recibe alrededor del 22% de los ingresos nacionales, la cifra más alta entre los países comparados de Sudamérica y, para ese año, la más alta registrada a nivel mundial.
Este dato revela una profunda contradicción social, mientras una parte mínima de la población concentra una proporción muy alta de los ingresos del país, millones de personas siguen teniendo dificultades para acceder a una alimentación suficiente, saludable y adecuada.
Especialistas advirten que este dato no debe leerse solo como una cifra económica, sino como una señal de la enorme desigualdad que atraviesa la vida cotidiana de las familias peruanas.
“En el Perú, muy pocos concentran una parte enorme de la riqueza, mientras 13.9 millones de peruanos enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave. Esto significa que una parte importante de la población no accede de manera regular a una alimentación suficiente, saludable y adecuada. Además la inseguridad alimentaria grave alcanza a 4.9 millones de personas, y que 2.3 millones de peruanos se encuentran en situación de subalimentación”, señaló Jessica Huamán, nutricionista y especialista en seguridad alimentaria.
Además, la información de la World Inequality Database muestra dos niveles de concentración dentro de los grupos de mayores ingresos. En el Perú, el 10% más rico concentra el 59% de los ingresos nacionales. Pero dentro de ese mismo grupo se encuentra una fracción mucho más pequeña: el 0.1% más rico, que por sí solo recibe alrededor del 22% de todos los ingresos del país. Es decir, la desigualdad no solo se observa entre el 10% de mayores ingresos y el resto de la población, sino también dentro de la propia cúspide, donde una minoría aún más reducida concentra una proporción extraordinariamente alta de los ingresos.
“Cuando hablamos de inseguridad alimentaria no hablamos solo de hambre extrema. Hablamos de familias que comen mal, comen menos o que, en los casos más graves, dejan de comer uno o más días porque no tienen recursos suficientes. Esa realidad afecta directamente la salud, la nutrición y las oportunidades de millones de peruanos. Por ello, es urgente que las políticas nacionales de nuestro país no se concentren únicamente en el crecimiento económico, sino también en cómo se distribuye la riqueza, quiénes se benefician de ella y quiénes siguen pagando las consecuencias de una profunda desigualdad”, sostuvo Huamán.
La concentración de ingresos y la inseguridad alimentaria no deben analizarse como problemas separados. La falta de ingresos suficientes, el alza del costo de vida, la precariedad laboral, la debilidad de los programas alimentarios y la limitada protección social afectan directamente la capacidad de las familias para comprar alimentos nutritivos y sostener una dieta adecuada.
En ese sentido, Huamán señaló que el país requiere una respuesta pública integral. “No basta con hablar de crecimiento económico si ese crecimiento no llega a la mesa de las familias. En un país donde el 43.1% de niños menosres de 3 años sufre de anemia, se necesitan políticas que enfrenten la desigualdad, garanticen el derecho a la alimentación y fortalezcan la alimentación escolar, las ollas comunes, los comedores populares, la agricultura familiar, los mercados de abasto y los servicios de salud con enfoque nutricional”, indicó.
La especialista remarcó que la seguridad alimentaria debe convertirse en una prioridad nacional, con presupuesto, metas claras y articulación entre los sectores de salud, agricultura, educación, desarrollo social, gobiernos locales y gobiernos regionales.