Especialistas del Instituto Oncológico FALP destacan que los síntomas digestivos, el perfil genético y el diagnóstico especializado, son clave para mejorar el pronóstico de esta patología.
Salud en Casa .- Una de las neoplasias que con frecuencia se vincula con las molestias intestinales y que puede manifestarse de forma silenciosa es el cáncer de ovario. Aunque es menos común que el cáncer de mama, cervicouterino o endometrio, es considerado el más agresivo. En Perú, se han registrado 742 fallecimientos a causa de esta neoplasia, según Globocan.
¿Por qué suele pasar desapercibido? El Dr. Clemente Arab, jefe de Cirugía Oncológica Ginecológica de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), explica que el cáncer de ovario es conocido como el "gran simulador", ya que sus señales son tan vagas que, según las estadísticas, 7 de cada 10 casos se detectan en etapas avanzadas porque las pacientes confunden los síntomas con un cuadro de colon irritable o gastritis.
El obstáculo para la detección temprana es normalizar la inflamación o la automedicación. “Una señal de alerta clave es la frecuencia y persistencia, si los cambios abdominales en una mujer no ceden, son casi diarios, o duran más de tres semanas o 12 veces en un mes, es vital dejar las consultas gástricas y buscar una evaluación ginecológica especializada”, destaca el Dr.Arab.
En el marco del Día Mundial del Cáncer de Ovario, el especialista de FALP detalla algunos síntomas que no deben ser ignorados.
Aumento persistente del volumen abdominal: A diferencia de la hinchazón por gases que aparece y desaparece después de comer, en el cáncer de ovario el abdomen suele mantenerse abultado de forma constante, similar a la distensión que ocurre durante los primeros meses de un embarazo.
Sensación de saciedad temprana o "llenura" rápida: Es una señal recurrente cuando la paciente siente que su capacidad estomacal se ha reducido drásticamente. Incluso después de ingerir porciones de comida muy pequeñas o ligeras, aparece una sensación de pesadez extrema que no corresponde a lo ingerido.
Dolor o presión en la zona pélvica y abdominal: No se trata del cólico menstrual común, sino de una molestia sorda, continua y profunda en la parte baja del vientre o la pelvis. Este malestar suele ser el que más se confunde con problemas de colon irritable o inflamación pélvica inespecífica.
Urgencia o cambios en el hábito urinario: La necesidad de acudir al baño con una frecuencia inusual o sentir una urgencia repentina por orinar, incluso cuando la vejiga no está llena, puede indicar que algo en la zona pélvica está ejerciendo presión sobre las vías urinarias.
Actualmente la medicina de precisión permite ir un paso adelante de la enfermedad. “Hoy contamos con herramientas que nos permiten entender el riesgo desde el ADN. El estudio de mutaciones genéticas (como los genes BRCA) ayuda a identificar si existe una predisposición familiar, permitiendo realizar seguimientos intensivos o incluso cirugías preventivas de mínima invasión antes de que el tumor aparezca”, señala el Dr. Arab.
Antes se creía que el cáncer de ovario era silencioso, hoy se le llama una enfermedad "malinterpretada". Detectar las mutaciones protege a la familia y permite a los médicos usar terapias dirigidas, más efectivas que los tratamientos convencionales.