Salud en Casa.- La inseguridad alimentaria continúa siendo uno de los principales desafíos sociales y nutricionales del país. Según los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) 2025, el 30.5% de la población peruana enfrenta inseguridad alimentaria, evidenciando que una proporción importante de hogares ha tenido que reducir la calidad o cantidad de alimentos consumidos debido a limitaciones económicas, afectando directamente su bienestar, salud y calidad de vida.
“La inseguridad alimentaria es mucho más que la falta de alimentos. Significa que existen familias que no pueden acceder de manera permanente a una alimentación nutritiva y suficiente. Cuando esto ocurre, las consecuencias terminan reflejándose en problemas como la anemia, la desnutrición infantil y otras formas de malnutrición que afectan especialmente a la niñez” indicó Jessica Huamán, nutricionista y coordinadora nacional de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria del Perú (PSAN).
Las mayores prevalencias de inseguridad alimentaria se registran en Loreto (46,9%), Puno (44,2%) y Ucayali (36,7%), departamentos donde más de un tercio de la población enfrenta dificultades para acceder regularmente a una alimentación adecuada. Asimismo, los datos muestran mayores prevalencias en hogares con jefatura femenina, personas desempleadas, trabajadores informales, personas con menor nivel educativo y hogares con presencia de niños menores de cinco años.
Las consecuencias de esta situación se evidencian en los indicadores nutricionales del país. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025, la anemia afecta al 43.4% de los niños de 6 a 35 meses de edad, mientras que la desnutrición crónica infantil afecta al 12.1% de los niños menores de cinco años, cifras que denotan importantes desigualdades.
La información presentada por el INEI también muestra que la desnutrición crónica está estrechamente vinculada a factores sociales y estructurales. Entre los niños que presentan esta condición:
“Los datos muestran que la desnutrición infantil no depende únicamente de la disponibilidad de alimentos. Ya que el 16.7% de los niños con desnutrición crónica tiene madres con desnutrición, el 33.4% tiene madres sin nivel educativo y el 18.3% vive en hogares donde el agua que consumen no recibe tratamiento previo. Esto evidencia que la desnutrición también está relacionada con la situación nutricional de las madres, el acceso a educación, el consumo de agua segura, los servicios de salud y las condiciones adecuadas de vida. Por eso, las soluciones deben ser integrales y no limitarse a intervenciones aisladas”, señaló Huamán.
La especialista destacó que, si bien se observan algunos avances en indicadores como la lactancia materna exclusiva y el consumo de suplementos de hierro, estos esfuerzos aún son insuficientes para revertir la magnitud de los problemas nutricionales que enfrenta el país.
Finalmente, hizo un llamado a que la seguridad alimentaria y nutricional sea asumida como una prioridad nacional.
“No podremos reducir sostenidamente la anemia y la desnutrición mientras millones de personas continúen enfrentando inseguridad alimentaria. Garantizar el derecho a la alimentación debe convertirse en una prioridad de Estado, porque detrás de cada indicador existen familias y niños cuyo desarrollo y futuro están en riesgo” concluyó la especialista.